FAQ/Preguntas y Respuestas

Hay varias cosas que pueden ser señales de alerta. Por ejemplo, que el chico o chica presente dolores físicos antes de ir a la escuela, que no quiera ir a clases, que los retiremos con frecuencia antes de la escuela, que cambie de grupos de amigos de forma abrupta, que cambie el estado de ánimo, que baje el desempeño escolar producto de dificultades con los pares, que generen dificultades para poner atención en clases. Los cambios como enojo o ira repentina, vergüenza que antes no había, aislamiento y dificultad para disfrutar cosas que antes si disfrutaba, también son cosas que nos deberían llamar la atención.

Si bien la literatura ha descrito algunos elementos que constituyen el perfil del niño que sufre acoso escolar, nosotros no somos muy partidarios de hacer uso de esa información porque por un lado fomenta el estigma a la persona agredida y puede contribuir a la idea de que son las características del joven agredido las que propician la agresión. Además, si bien las personas que son víctimas comparten en la literatura científica ciertos patrones de conducta o características personales, lo cierto es que ahora existe una nueva forma de agresión escolar que se desempeña en el entorno virtual, y allí las víctimas muy frecuentemente agreden a quienes los han victimizado anteriormente, volviéndose víctimas y victimarios al mismo tiempo.

El acoso por definición tiene algunos componentes que lo distinguen de un evento aislado. Por una parte está la desigualdad de poder entre las partes. Si bien esto se cumple, hoy esto es mucho más relativo, porque por una parte la diferencia de poder puede estar dada por edad, curso, contextura física, pero también por otras cosas como, por ejemplo, cuántos amigos tengo, que rol uso en la jerarquía social, cómo me va en la escuela. Esto es importante relativizarlo aún más cuando se habla de acoso cibernético, porque en ese contexto, y sobre todo cuando hay anonimato, es mucho más difícil identificar si hay realmente o no desigualdad de poder, más allá del hecho de que una persona agrede y la otra es agredida.

Por otro lado, tenemos también la reiteración, concepto que encontraremos en todas las definiciones de acoso. Esto refiere a la frecuencia con la que esto ocurre y cuánto perdura en el tiempo. De esta forma, no es lo mismo que exista un incidente aislado, que algo así ocurra 4 días de la semana escolar. Ahora bien, este concepto es un arma de doble filo, porque muchas veces hace que los episodios de “acoso” sean desestimados o les bajen en perfil, porque “reiteración “ también es algo muy relativo, ¿cuánta frecuencia es suficiente para considerarlo reiterado? ¿Cuánto tiempo debe pasar para considerar que es prolongado en el tiempo? ¿Qué pasa cuando la misma persona es molestada por distintos integrantes de un grupo, de forma que está siendo constantemente agredido en tiempos distintos por distintas personas?

 

Nosotros siempre hacemos la invitación a ser críticos del concepto “reiteración” sobre todo respecto a las agresiones en línea, donde la reiteración no siempre viene dada por cuán seguido me molesta una misma persona, sino que cada interacción con la agresión puede ser tomada como un acto de reiteración de esta misma. Por ejemplo: Juanita sube un comentario hiriente sobre el cuerpo de Ana, y a los 10 minutos tiene 10 likes, 5 comentarios nuevos haciendo burla a Ana, y 15 reposteos. Todas esas interacciones son de alguna manera reiteraciones de la agresión y hacen que los efectos en la salud mental se agudicen.

¡Esta es la pregunta del millón! Y no creemos que haya para esto una receta perfecta, ni un paso a paso. Hicimos dos investigaciones a nivel nacional en ciberviolencia y salud mental y vimos que menos del 10% pide ayuda a padres/madres o profesores. Creemos que esto está relacionado directamente con la forma adulto céntrica que tenemos los adultos de tratar a los más pequeños y sus problemas, además, de la normalización de la violencia en las etapas tempranas como parte normal del ciclo vital. Me explico, muchas veces escuchamos frases como “problemas de niños, problemas chicos, problemas de adultos, problemas grandes”. ¿Es realmente justo? En esta lógica desestimamos el dolor de los más jóvenes bajo la idea de que los problemas reales son solo los que tienen los adultos. 

 

Por otro lado, y respecto a la normalización de la violencia, muchas veces escuchamos frases como “quien te quiere te aporrea” o “a esas edad todos los niños se pegan”, y eso hace que bajemos la guardia ante lo que puede estar pasando con nuestro hijos o hijas. Además, cuando nos referimos de esa manera, transmitimos que la violencia es aceptable, al mismo tiempo que invalidamos la experiencia del que sufre, disminuyendo las posibilidades de que nos pida ayuda si esto ocurre.

Claro que sí, de hecho nosotros a eso le llamamos fomentar la cultura del cuidado. Esto tiene que ver con dejar de ser indiferentes al sufrimiento de las otras personas y enseñarle eso a los niños y niñas que nos siguen. En las dinámicas de acoso no solamente existe la persona que ejerce la violencia, el que sufre la violencia, si no también existe el testigo. Respecto a esto existen distintas formas de ser testigo, están los testigos que ven lo que pasa y no hacen nada, están los testigos que ven lo qué pasa; lo graban; se ríen y siguen agrediendo a raíz de esa agresión. Es importante que tanto en casa los padres, madres, cuidadores, cuidadoras así como también los profesores y el personal de apoyo en las escuelas trabajemos en conjunto para crear una cultura de cuidado y le enseñemos a los más jóvenes que si ellos ven alguna agresión a otra persona o una persona que está triste o que anda descuidada desaseada, con la ropa rota con moretones, con herida, que sean capaces de pedir ayuda por ellos o al menos de notificar a algún adulto responsable que pueda tomar el caso y ver cuáles son las acciones que ameritan. 

 

Cuidarnos del acoso en todas sus formas es una misión de todos como comunidad. No es algo que les corresponda solo a los padres o madres ni tampoco solamente a los profesores, sino también a los compañeros de clase del barrio, y a los papás de otro compañero que puedan contribuir a crear esta cultura del cuidado.

Los niños y niñas que sufren acoso siempre van a reaccionar de forma distinta o esto va a impactar de distintas formas en su salud mental. Lo general es que se presente miedo, angustia y nerviosismo frente a las actitudes de acoso, siempre dependiendo del nivel de intensidad del acoso y de los recursos personales con que cuente la persona. En términos generales, diría que gran parte de los niños y niñas que son acosados sienten miedo sobre todos, y las formas de acoso implican también amenazas a su integridad física o amenazas de muerte a ellos o algún integrante de su familia.

Hablar de hijos maltratadores no es la mejor forma de referirse a los niños que agreden a otros. Esto particularmente porque esa forma de referirnos replica la idea de que el niño que molesta es un niño malo, es un niño que molesta porque quiere hacer daño. Así como el niño o niña que es agredido puede presentar efectos negativos en su salud mental, los niños que ejercen violencia contra sus pares también tienden a tener conflictos en términos de salud mental. Por ejemplo, los niños que ejercen violencia muy comúnmente han sido agredidos en otros contextos dentro o fuera de la escuela, o bien tienen normalizada la violencia como un medio para alcanzar un fin, que en el caso de la escuela, los estudios apuntan que la violencia muchas veces es un medio para lograr posicionarse dentro de una jerarquía social. Si ponemos atención a esto, esto no responde a un problema del niño ni a que el niño sea malo, sino más bien a aspectos socioculturales que validan esas conductas como un medio aceptable para tener un buen puesto social. 

Lo que sugerimos a los papás/mamás de hijos o hijas que ejercen violencia es en primera instancia ponerse en contacto con los padres y madres o cuidadores de la persona que está siendo víctima y preguntar de qué manera pueden contribuir a la solución del problema. Por otra parte y súper importante, es clave que los padres tomen enfoques formativos por sobre los punitivos, con esto me refiero a que, por ejemplo, en vez de castigar a un niño por agredir a otro, le enseñemos por qué eso está mal, hagamos el ejercicio de revisar cómo se siente una persona que es agredida de esa forma y cómo me sentiría si esto me ocurriera. Trabajar en la empatía es fundamental. Por último, siempre  fomentar que el hijo o hija pida las disculpas correspondientes y se vuelva parte de la solución para la persona que es víctima.

En el año 2019 la Superintendencia de Educación realizó un estudio de denuncias con enfoque de género, para esto, utilizaron las denuncias ingresadas en los años 2017 y 2018 en Chile. Respecto al análisis de denuncias sobre acoso escolar se concluyó que:

 

  1. Las mujeres presentan mayor cantidad de denuncias relacionadas a maltrato psicológico entre pares, mientras que los hombres se ven mayormente afectados en cuanto a maltrato físico de un adulto hacia un alumno(a). También es importante considerar que el maltrato psicológico ejercido por adulto a un alumno(a), es ligeramente mayor en hombres que en mujeres.

 

  1. Los hombres son mayormente discriminados por discapacidad física y/o intelectual, por orientación sexual, por problemas de salud, por ser inmigrante o de distinto origen racial y por síndrome de déficit atencional. En cambio, las mujeres son discriminadas por características físicas y/o apariencia personal, por embarazo o maternidad, por identidad de género y por orientación religiosa.

 

  1. Los autores explican que las diferencias por sexo en las denuncias por maltrato entre estudiantes responden de cierta forma a los estereotipos de género, donde a los hombres se les ha asociado históricamente a una violencia o acoso de tipo más físico o directo, y a las mujeres se las ha tendido a relacionar a un acoso más relacional o de exclusión. 

 

De igual forma, es importante tener en cuenta que hoy en día las diferencias por sexo se han ido diluyendo, y se ha observado que algunos tipos de acoso, como el físico, también aparece fuertemente entre las mujeres. Otra explicación que se puede ofrecer a las diferencias por sexo es la teoría del interaccionismo simbólico, es decir, los hombres y las mujeres presentan una diferenciación en la percepción que tienen de los comportamientos y que perciben como violencia, acoso y ciberacoso. 

 

  1. Respecto al ciberbullying, se observó que las mujeres se ven más afectadas que los hombres por este tipo de acoso. 

 

  1. Las mujeres temen ser ciberacosadas entorno a su persona e imagen pública desde una connotación sexual, lo cual pone en evidencia lo sexualizado y heteronormativo que puede llegar a ser el ciberacoso, apareciendo fenómenos como el sexting (circulación de contenido sexual a través de dispositivos móviles) y el grooming (adultos que acosan sexualmente a niñas, niños y jóvenes, utilizando chantajes y falsificación de perfiles), problemáticas que también podrían ser comprendidas como una extensión de la violencia de género cuando las agresiones son llevadas a cabo por parejas o ex parejas.

 

Para más información: https://www.supereduc.cl/wp-content/uploads/2020/04/Estudio-sobre-Denuncias-con-Enfoque-de-G%C3%A9nero.pdf

 

Data internacional: El informe Behind the numbers: Ending school violence and bullying, elaborado por la Unesco (2019), agrupa datos de las encuestas Global School-based Student Health Survey (GSHS) y Health Behaviour in School-aged Children (HBSC), logrando información cuantitativa de países de todas las regiones del mundo. Mundialmente al menos 1 de 3 estudiantes (32%) ha sido acosado por sus pares en la escuela en el último mes, los principales tipos de bullying sufridos son el físico y el sexual, a excepción de Europa y Norteamérica, donde el más común es el psicológico. Entre el año 2002 y 2017 el bullying ha disminuido en 35 países y aumentado en 13 países de un total de 71. En niños es más común el bullying físico y en niñas el psicológico. A medida que se avanza en edad, disminuye la prevalencia de bullying físico y aumenta el cyberbullying.

El acoso es una problemática que se puede vivenciar de forma transversal a cualquier edad. Hay blogs y páginas web informativas que postulan que el acoso escolar comienza a los 11 años, pero que entre los 15 y 19 años hay mayor riesgo de vivir situaciones de acoso escolar, pero es información que no sabemos si es del todo verídica ya que no contamos con estudios o investigaciones de autores y especialistas que nos puedan ayudar a responder esta pregunta. De todas formas, es importante mencionar que un estudio realizado por Unesco (2019) manifiesta que las formas de acoso o agresión escolar difieren según las edades de los y las estudiantes, ya que a medida que avanza la edad, disminuye la prevalencia de bullying físico o psicológico, aumentando el ciberbullying, factor que impacta a adolescentes entre 11 y 15 años, quienes reportaron una mayor probabilidad de sufrir esta problemática.

Todo apunta a que sí, de hecho, acá en Chile se pudo ver en el último año que hubo un aumento significativo de las situaciones de violencia escolar y esto, más allá de los datos específicos, se podía ver en el día a día en las noticias, en las redes sociales, como los colegios publicaban situaciones o los mismos estudiantes publicaban situaciones de violencia escolar que se estaban dando con más frecuencia y con mayor intensidad que otros años. Estudios más específicos de la Superintendencia de Educación dan cuenta de un aumento de casi 22% en las denuncias por violencia escolar. Por su parte, el Instituto nacional de la juventud en Chile da cuenta que las vivencias de violencia física o psicológica ha llegado a su punto más alto en 10 años (incluyendo violencias digitales) y que se ha estrechado la violencia entre hombres y mujeres. Esto se puede atribuir entre otras cosas a los años de pandemia y de aislamiento que mantuvieron a los niños, niñas y jóvenes fuera de sus espacios de socialización, con poco contacto con sus pares entre otras cosas.